Sentado en un carrillo de ruedas
En la historia papal la edad larga ha sido muy constante. Habitualmente los protagonistas vivían hasta que la muerte los jubilaba. Ahora, desde Benedicto XVI, la situación ha cambiado. Lo mismo que cualquier persona de la tercera edad tiene ansias de ratos de libertad, el Papa emérito se ha tomado un día de excursión por una zona de Italia que bien conoce, ya que ha veraneado siempre en el palacio de Castelgandolfo, hoy tontamente cerrado a cal y canto, porque el egoísmo de un tonto sobresale sobre la sensatez de veinte siglos de historia. Como todo jubilado, según narran las crónicas italianas, Benedicto XVI ha estado con viejos amigos, ha visitado ermitas e iglesias, ha compartido con antiguos colaboradores y, terminado el curso del día, ha vuelto a su monasterio en el interior del Vaticano. Esta respiración de libertad nos muestra que un hombre con 92 años tiene más sentido común que el agonías que cree que el tiempo se lo va a robar alguien. El Papa emérito ha gritado: Viva l...