Pancarta en Pals

L’Església de Girona agonitza. Los curas gerundenses –hasta no hace mucho sencillos y fervorosos cristianos- han cambiado la fe en Dios por la fe en lanació, un idolete inventat per romàntics alemanys i quarentons acèdics avorrits de la vida. Hoy en la diócesis solo hay 144 curas para 383 parroquias, muchos son ya ancianos, demasiados viven del cuento como funcionarios gorrones, alguno incluso parece implicado en oscuros casos de drogas y sexo con homicidio, y no hay vocaciones. Ni una. Les esglésies són buides, les mesquites plenes, i les viles forrades de xurros grocs i cubanes. El futur? Si tot segueix així -que segueix amb el bisbe Pardo- el cristianisme gironí serà suplantat en uns anys per una barreja d’islam i nacionalisme. Molt engrescador.

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